jueves, 5 de julio de 2012

ECONOMÍA POLITICA DE LA TERRITORIALIDAD


Cuando los Estados Unidos invadieron Irak en marzo de 2003, en nombre de la Democracia y la Libertad de Occidente, revelaron en realidad que el territorio comenzaría a ser un espacio de conflicto. El petróleo no es de quien vive sobre él, sino de quien lo necesita, y quien lo necesita es el Mercado. Todo aquel que interfiera con el Mercado puede ser demandado y desposeído. Todo aquel que interfiera con la Democracia Occidental, puede ser encarcelado o invadido.

Esta Democracia Occidental (el “Imperio” según Hardt y Negri) es la expresión de algunas pocas naciones poderosas, articuladas sobre un ideario y un interés comunes, sobre muchas otras que no lo son (que no lo supieron ser, que no lo pudieron ser a tiempo), y que han sido y deben seguir siendo desarticuladas. Para el Imperio, los estados-nación que no son el Imperio, son peligrosos. Conviene que no haya ni estados ni naciones. Conviene que haya Una Democracia, Una Nación, Un Mercado, Un Mundo. Cuando la Libertad y la Democracia imperen en todo el Mundo, no habrá más guerras entre estados corruptos y naciones bárbaras, se promoverá el bienestar general, la prosperidad y la felicidad de la población. No habrá más conflictos por los territorios, porque ya no habrá territorios, sino Un Territorio común a todos los Ciudadanos del Mundo; que habrá sido apropiado, legalizado y normado por los principios y valores de la Democracia, y que todas las Corporaciones del Mundo podrán comercializar en el Mercado; pudiéndose incluso demostrar en pocas ecuaciones que esto es lo mejor y más eficiente para el Medio Ambiente y toda la Naturaleza.

Paradójicamente o no, justo cuando parecía más verdadero, más obvio, más indiscutible que nunca, el clímax del largo ciclo histórico englobador que comenzó con la modernidad europea y su expansión colonial, está siendo contenido por la oposición, desde fuera de las fronteras, de otros territorios, otras poblaciones, y otras voluntades.

El resurgimiento de los Estados-Nación exteriores al Imperio está implicando ahora mismo una resignificación de la idea de territorio. Los territorios recobran, para los Estados-Nación, su valor estratégico y simbólico. Se pone en juego una nueva economía política de la territorialidad a nivel global, caracterizada por un despertar de la nacionalidad territorial y de la búsqueda del control y la regulación económica por parte de los Estados-Nación de sus espacios físicos de soberanía.

Las conflictividades post-imperiales que nos esperan parecen bien inciertas, pero la irreversibilidad del proceso que se inició, no.