domingo, 5 de septiembre de 2010

Sincronía y Diacronía en Economía

En El Nacimiento de la Biopolitica, Michel Foucault desliza la idea de que en realidad, dos corrientes de pensamiento económico en principio opuestas, como lo fueron la Economía pura y la Economía histórica durante la segunda mitad del s. XIX, fueron complementarias, en el sentido de que intentaron analizar el fenómeno del capitalismo desde dos ópticas u objetivos diferentes. Mientras que la primera estudió su consistencia interna y sus leyes de composición, la segunda se ocupó de su génesis y de sus leyes de evolución. Implícita en esta tesis de Foucault, se encuentran los rasgos de la metodología estructuralista del análisis de la lingüística de de Saussure y de la antropología de Levi-Strauss. Desde este punto de vista, los historicistas realizaron un estudio diacrónico del capitalismo moderno, mientras que los marginalistas uno sincrónico, y por ello ambas corrientes de pensamiento deben considerarse como complementarias y no como excluyentes. La finalidad de este trabajo es analizar con más detalle la tesis de Foucault y buscar los elementos de complemento y de oposición de ambas aproximaciones a los fenómenos económicos.


1. LA TESIS DE FOUCAULT

Michel Foucault afirma en El Nacimiento de la Biopolítica que, durante el siglo XIX hubo para los economistas dos grandes problemas, por una parte el de “demostrar que la lógica propiamente económica del capitalismo, esa lógica del mercado competitivo, era posible y no contradictoria”, y por otra parte “demostrar que, como esa lógica era en sí misma no contradictoria y por lo tanto confiable, había en las formas concretas, reales, históricas del capitalismo, un conjunto de relaciones jurídico-económicas que eran de tal manera que se podía, por la invención de un nuevo funcionamiento institucional, superar efectos –contradicciones, callejones sin salida, irracionalidades— característicos de la sociedad capitalista y que no se debían a la lógica del capitalismo, sino simplemente a una figura precisa y particular de ese complejo económico-jurídico.”

Desde este punto de vista, “si los economistas de la época –como Walras, Marshall, Wicksell y todos los que los siguieron— atribuyeron tanta importancia a la teoría de la competencia, era porque se trataba de determinar si el mecanismo formal del mercado competitivo era o no contradictorio, y asimismo de ver en qué medida ese mecanismo competitivo conducía o no a fenómenos capaces de anularlo, a saber, el monopolio”. Y aparte de esto, “además tenemos el paquete completo, digamos weberiano, de problemas de la historia y la sociología económicas, que no es sino el otro aspecto, la contrapartida de la primera cuestión, y que consiste en saber si en efecto se puede identificar en la historia del capitalismo un conjunto económico institucional que pueda dar cuenta de su singularidad, de la mezcla de racionalidad e irracionalidad que se constata. Hacer por lo tanto, la historia de la ética protestante por un lado, y hacer la teoría pura de la competencia eran dos aspectos diferentes o dos maneras complementarias entre sí de plantear e intentar resolver en cierto modo el interrogante de si el capitalismo podía o no sobrevivir.”

De esta manera Foucault sugiere que no es correcto pensar en términos de exclusión a los proyecto de investigación de lo que podemos llamar una economía pura y una economía histórica, sino que se los debe pensar en términos de complementariedad. Desde el punto de vista de la historia intelectual de la economía se las debe ver como dos maneras de plantear la complejidad de un fenómeno multidimensional como es el problema del funcionamiento del sistema capitalista y la sociedad de mercado.


2. LO SINCRÓNICO Y LO DIACRÓNICO EN LA METODOLOGÍA ESTRUCTURALISTA

Esta forma de entender la complejidad de los sistemas sociales es planteada originalmente por la lingüística de de Saussure y de Trubetzkoy, y postulada como una metodología general para las ciencias sociales por Levi-Strauss en Antropología estructural y El Pensamiento Salvaje.

En su Curso de Lingüística General, Ferdinand de Saussure, afirma que la dualidad entre el análisis temporal o histórico y el análisis estático o de los estados fijos, se impone imperiosamente tanto a la Lingüística como a la Economía, ya que la Economía Política y la Historia Económica constituyen dos disciplinas netamente separadas en el seno de una misma ciencia. Esto obedece, según sus palabras, a una “necesidad interior”, pues tanto en la Lingüística como en Economía Política, “estamos ante la noción de valor; en las dos ciencias se trata de un sistema de equivalencia entre cosas de órdenes diferentes: en una, un trabajo y un salario, en la otra, un significado y un significante.”

Para dar cuenta de esta dualidad y realizar un análisis completo, debe procederse entonces a situar las cosas estudiadas en dos ejes: un eje de simultaneidades, “que concierne a las relaciones entre cosas coexistentes, de donde está excluida toda intervención del tiempo”, y un eje de sucesiones, “en el cual nunca se puede considerar más que una cosa cada vez, pero donde están situadas todas las cosas del primer eje con sus cambios respectivos” , y no se podrá organizar una investigación de manera rigurosa si no se tiene en cuenta el sistema de valores considerados en sí y esos mismos valores considerados en función del tiempo. Entonces de Saussure define en el caso de la Lingüística, a la lingüística sincrónica y a la lingüística diacrónica: “Es sincrónico todo lo que se refiere al aspecto estático de nuestra ciencia, y diacrónico todo lo que se relaciona con sus evoluciones. Del mismo modo sincronía y diacronía designarán respectivamente un estado de la lengua y una fase de evolución”

Tenemos entonces en el juego de las relaciones de los objetos sociales, dos tipos de orden o de mecanismos de regulación, uno que podríamos llamar las leyes de composición, es decir, aquellas relaciones que mantienen unido al sistema, que le dan coherencia interna, y las leyes de evolución, es decir, la forma en que el sistema como un todo cambia en el tiempo, la manera en que evoluciona.

De Saussure concluye que “la lengua es un sistema en el que todas las partes pueden y deben considerarse en su totalidad sincrónica. Como las alteraciones jamás se hacen sobre el bloque del sistema, sino sobre uno u otro de sus elementos, no se pueden estudiar más que fuera del sistema. Sin duda, cada alteración tiene su repercusión en el sistema, pero el hecho inicial ha afectado a un punto solamente; no hay relación íntima alguna con las consecuencias que se pueden derivar para el conjunto. Esta diferencia de naturaleza entre términos sucesivos y términos coexistentes, entre hechos parciales y hechos referentes al sistema, impide hacer de unos y otros la materia de una sola ciencia.”

Para de Saussure, existe una relativa independencia de las leyes de equilibrio con relación a las de desarrollo. “Cada cambio fonético, cualquiera que sea por lo demás su extensión, está limitado a un tiempo y a un territorio determinados; ninguno se produce en todo tiempo y lugar; los cambios no existen más que diacrónicamente” . Es decir, los cambios son hechos fortuitos, individuales, no tienen carácter general, no revelan la intención de cambiar el sistema. Mientras que “el fenómeno sincrónico nada tiene en común con el diacrónico”, ya que es una relación necesaria entre elementos simultáneos, una relación que opera dentro de un sistema de reglas. Es decir, existe en la lengua como en los demás sistemas sociales, una yuxtaposición entre azar y necesidad, entre lo fortuito y lo necesario, entre lo contingente y lo estructural. Y mientras que en el plano sincrónico lo que domina es lo estructural, en el plano diacrónico lo que domina es lo contingente. Desde este punto de vista, no tiene sentido pensar la evolución como una necesidad, como una teleología, sino todo lo contrario, la evolución es en gran parte consecuencia de sucesivas acomodaciones y reacomodaciones del sistema a cambios circunstanciales de tiempo y lugar.

De este modo, de Saussure define las dos partes de la lingüística, “la lingüística sincrónica se ocupará de las relaciones lógicas y psicológicas que unen términos coexistentes y que forman sistema, tal como aparecen a la conciencia colectiva; la lingüística diacrónica estudiará por el contrario las relaciones que unen términos sucesivos no percibidos por una misma conciencia colectiva, y que se reemplazan unos a otros sin formar sistema entre sí.”

Levi-Strauss por su parte, afirma que “el sociólogo se encuentra en una situación formalmente semejante a la del lingüista fonólogo: como los fonemas, los términos de parentesco son elementos de significación, como ellos, adquieren esta significación sólo a condición de integrarse en sistemas; los “sistemas de parentesco”, como los “sistemas fonológicos” son elaborados por el espíritu en el plano del pensamiento inconsciente” .

La idea de concebir a los fonemas o a los términos de parentesco como objetos de significación elaborados en el plano no-consciente y puestos en un sistema de relaciones que les da esa significación es isomorfa a la idea de concebir a los precios o a las relaciones de producción como las significaciones del sistema económico.

Para toda una corriente de pensamiento económico que podemos identificar con la dupla Walras-Hayek, los precios son los elementos de significación del sistema de producción capitalista, y adquieren su significación en tanto indicadores de relaciones entre las condiciones de oferta y demanda de todos los mercados, siendo el resultado inintencionado de las acciones de sus participantes. Por otro lado, y en contraposición a esta tradición, podemos identificar una aproximación histórico-institucional a la economía, entre cuyos representantes podemos destacar la dupla Marx-Weber, y para la cual los elementos de significación de la economía deben buscarse en un plano histórico-social. La tradición Walras-Hayek es la tradición del enfoque sincrónico de la economía, mientras que la tradición Marx-Weber es la del enfoque diacrónico.


3. EL ANÁLISIS SINCRÓNICO Y DIACRÓNICO DEL CAPITALISMO O DEL SISTEMA DE ECONOMÍA DE MERCADO

Retomando la tesis de Foucault, podemos comprender ahora en que se basa. Su argumento es un argumento estructuralista. Para él, la economía pura, la economía walrasiana del equilibrio general, es la aproximación sincrónica a la cuestión del capitalismo, mientras que la economía histórica, la weberiana o incluso en algún sentido la marxista, es la aproximación diacrónica.

El mundo económico es un complejo de relaciones, de interacciones reguladas por leyes de composición, de carácter necesario, pero también es un complejo de circunstancias históricas concretas y fortuitas, de carácter impredecible. En este sentido es en el que entiende el proyecto de economistas puros e históricos del siglo XIX de estudiar tanto el equilibrio general, la lógica interna del sistema de mercado, como las particularidades surgidas en su devenir histórico.

Quisiera analizar ahora desde la utilización de estas ideas a dos figuras y dos interpretaciones de la realidad económica, y ver en qué sentido se ajustan a estas categorías: son las interpretaciones de Hayek y de Marx.

Cuando Hayek dice que el sistema de precios es un sistema de información , está haciendo el más explícito análisis sincrónico que se haya hecho en Economía. Para Hayek, el sistema de precios funciona en el sentido que debe funcionar un buen sistema de información, un buen lenguaje. Los precios son las manifestaciones de la interacción de infinidad de situaciones fortuitas, Hayek las llama “condiciones de tiempo y lugar”, que a pesar de ser desconocidas para la mayoría de los actores que intervienen en el mercado, el sistema de precios funciona de tal manera que incorpora en los precios a estos cambios fortuitos. Entonces, no importa preocuparse por entender o explicar la naturaleza de estos cambios porque son en si inaprensibles, inaccesibles para el público en general e incluso para cualquier gobernante o planificador, son cambios en gustos, en tecnologías, en disponibilidades de recursos, en expectativas, etc. Lo que sí es necesario que funcione, y que funcione sin distorsiones ni intervenciones, es el sistema de precios de mercado, es decir, de libertad de precios, que opere la competencia entre productores y consumidores a todos los niveles del mercado, y esto asegurará que los cambios que acontezcan en las situaciones fortuitas e imprevisibles sean tenidos en cuenta, a través de los precios, en las decisiones de todos los participantes del mercado. Si cambian las condiciones de producción del pan frente al vino, entonces el mercado se encargará de transmitir este acontecimiento a toda la sociedad, para que cada individuo tome sus decisiones teniendo esto en cuenta.

Por lo tanto, tenemos en el análisis de Hayek que todo el interés recae sobre la sincronía, el mecanismo de funcionamiento del sistema de precios de mercado, mientras que lo histórico, lo diacrónico no tiene interés, no interesa ni el origen ni el devenir del capitalismo, el capitalismo es lo que es, y el mercado es pasado, presente y futuro. El sistema de precios es un sistema de significación, los precios de mercado no son arbitrarios, sino que son el resultado necesario del funcionamiento de un sistema, en donde se expresan la oferta y la demanda de todos los bienes; el precio de cada bien está en relación con el precio de todos los demás bienes. Los precios relativos resumen información sobre las condiciones de abundancia y escasez, de gustos y tecnología. Los precios de mercado señalan la forma en que deben tomarse las mejores decisiones de consumo y producción, es más, inducen a esa toma de decisiones.

Marx, en cambio, lo que busca es justamente analizar el porqué del devenir del capitalismo como sistema de economía social, las razones de su origen y evolución. Entonces, para Marx, los cambios ya no serán cosas fortuitas, sino que serán su objeto de estudio. Analizará y tratará de explicar cuales fueron los cambios tecnológicos, culturales, sociales, etc. que dieron origen a que el mercado sea lo que es, a que el capitalismo exista en tanto capitalismo . En este sentido, Marx es el mejor representante del análisis diacrónico. Lo que Marx se pregunta es de dónde viene y hacia dónde va este capitalismo que hoy existe, cuáles son sus leyes de movimiento, más allá de cómo funcione el mercado de los tomates y cuál sea la relación entre los precios de los paños y del vino. Para Marx, lo que importa no son los precios, sino lo que dio y sigue dando origen a esos precios, es decir, las relaciones de producción .

Entonces tenemos en Marx tres afirmaciones, 1) el capitalismo tuvo un origen a partir del cual se conformó, al menos idealmente, el sistema de precios de mercado a partir de una configuración de nuevas relaciones de producción y de clase, la llamada “acumulación originaria”; 2) el capitalismo está teniendo una evolución, de acuerdo a ciertas leyes de movimiento (como por ejemplo la tendencia decreciente de la tasa de ganancia); y 3) el capitalismo tendrá un final, que será cuando no puedan seguir operando las fuerzas que lo mantienen vivo. Sin embargo, para Marx los hechos diacrónicos no son para nada fortuitos, sino por el contrario, son producto del desenvolvimiento necesario del sistema. En Marx no existe la noción de accidente o circunstancia histórica, en él todo el peso de la necesidad está puesto en plano diacrónico, mientras que lo circunstancial, lo transitorio, es el mundo de las relaciones sincrónicas. La significación del mercado no son sus precios. La significación del mercado debe buscarse en las condiciones que lo hacen posible, los precios no son más que meros reflejos de relaciones de propiedad y de producción. Si el mercado es un sistema de significación, lo es sólo en tanto producto histórico de una determinada configuración de relaciones de poder.


4. ¿ES POSIBLE UNA VISIÓN PANCRÓNICA?

De Saussure afirma que a pesar de que “la verdad sincrónica parece ser la negación de la verdad diacrónica, y viendo las cosas superficialmente, se le ocurrirá a alguien que hay que elegir entre ambas; de hecho no es necesario, cada verdad subsiste sin excluir a la otra.” Y concluye que “como estos dos órdenes de fenómenos se encuentran por todas partes estrechamente ligados entre sí, condicionando el uno al otro, se acaba por creer que no vale la pena distinguirlos; de hecho la lingüística los ha confundido durante decenios sin percatarse de que su método no era válido”

Cuando Schumpeter (quizá el mejor nexo por muchos motivos entre las duplas Walras-Hayek y Marx-Weber) abre la segunda parte de su libro Capitalismo, Socialismo y Democracia, con la pregunta ¿Puede sobrevivir el capitalismo? está planteando la necesidad de comprender el fenómeno del capitalismo en toda su complejidad sincrónica y diacrónica. “El análisis, ya sea económico o verse sobre otras disciplinas, nunca puede dar lugar más que a una exposición acerca de las tendencias existentes en un modelo que ha sido objeto de observación. Y estas no nos dicen nunca lo que sucederá al modelo, sino solamente lo que le sucedería si continuasen actuando lo mismo que habrían actuado durante el intervalo de tiempo abarcado por nuestra observación y si no entraran en juego otros factores. Inevitabilidad o necesidad no pueden significar nunca más que eso.”

Una visión pancrónica de la economía debería intentar el proyecto de yuxtaponer el análisis sincrónico y el análisis diacrónico, incorporando en las explicaciones de la economía pura o de las leyes de composición el devenir evolutivo propio del análisis histórico, y en este último, los elementos del análisis de equilibrio de la economía pura. Desde este punto de vista, tanto la estructura como la evolución deben formar parte de un análisis pancrónico, y en ese cruce debe buscarse la explicación completa de la significación de las relaciones que caracterizan al mundo económico.


BIBLIOGRAFIA

Foucault, Michel. Nacimiento de la Biopolítica. Fondo de Cultura Económica. 2007
Hayek, Friedrich. "Economics and Knowledge", Economica, 1937
Hayek, Friedrich. "The Use of Knowledge in Society", American Economic Review, 1945
Levi-Strauss, Claude. El Pensamiento Salvaje. Fondo de Cultura Económica. 1964
Levi-Strauss, Claude. Antropología Estructural. Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1968
Marx, Karl. El Capital. Fondo de Cultura Económica. 1946
Saussure, Ferdinand de. Curso de Lingüística General. Editorial Losada. 2002
Schumpeter, Joseph. Capitalismo, Socialismo y Democracia. Editorial Aguilar, 1963.

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