miércoles, 15 de septiembre de 2010

Raul Prebisch y el Pensamiento Económico Latinoamericano

Los años pre-cepalinos

Aunque es a partir de 1950, y a través de su trabajo en representación de organismos internacionales, como la CEPAL y la UNCTAD, cuando la figura y las ideas de Prebisch toman plena divulgación mundial, mucho antes de esa fecha ya se destacaba como académico y economista político.


Formación académica y participación en el gobierno argentino. La creación del Banco
Central y el reconocimiento internacional


Prebisch estudia primero, y da clases después, en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Allí se destaca como alumno y como docente1. A pesar de su intensa vida universitaria, participa frecuentemente en organismos públicos del gobierno como asesor y funcionario. En 1935 participa en la fundacion del Banco Central de la República Argentina (primer banco central latinoamericano) del cual es nombrado Director General. A partir del buen desempeño de dicha entidad, en especial durante el manejo de la política de estabilización luego de la crisis de 1938, Prebisch pasa a ser el economista latinoamericano más reconocido de la época. Aunque durante este período van cristalizándose sus originales y desafiantes ideas acerca del desarrollo económico y las relaciones internacionales de comercio y producción, su política económica no se aleja de los cánones dictados por la teoría económica convencional.

Será cuando abandone la función pública en nuestro país2 y se dedique de lleno a la investigación en el ámbito de la CEPAL, cuando sus más brillantes ideas emerjan como un sistema teórico bien articulado, y adquieran la resonancia que las ha caracterizado y que las ha mantenido en el debate de la ciencia y la política económicas ininterrumpidamente.


La formación de la CEPAL y las primeras manifestaciones de las ideas de Prebisch

A comienzos de 1948, las Naciones Unidas crearon la Comisión Económica para la América Latina (CEPAL), fijando su sede en la capital de Chile, país autor de la propuesta y que mucho se empeñó en su aprobación3. Prebisch fue al poco tiempo designado consultor y se le encargó realizar un informe sobre la situación económica de América Latina.

“Pasado un mes hizo circular un primer texto [...]. Era una exposición de sus ideas sobre los desequilibrios de las balanzas de pago, que analizaba a partir de la abundancia de oro, o sea, de la acumulación y pérdida de reservas de la economía dominante, a la cual llamaba de “centro principal”. A partir de ella se derivaban los principios de una política anticíclica para los países “periféricos”, como denominaba a los latinoamericanos. En conexión con los problemas del desequilibrio externo, exponía lo que denominaba “límites de industrialización”, introduciendo consideraciones sobre la inflación y las políticas de control de cambios.” (Furtado, 1988, pag.52)

De esta manera su “sistema” iba tomando articulación y difusión, al tiempo que otorgaba una legitimación teórica para una nueva política económica latinoamericana:

“El lenguaje era el de un manifiesto que convocaba a los países latinoamericanos para que siguieran la política de industrialización [...] El punto de partida era un grito de guerra: “La realidad está destruyendo en América Latina aquel viejo sistema de división internacional del trabajo [...] que seguía prevaleciendo doctrinariamente hasta hace muy poco tiempo.” El ataque al orden internacional existente y a sus ideólogos era directo: [en ese orden] “no cabía la industrialización de los países nuevos”. Reconocía que nosotros los latinoamericanos estábamos lejos de la “correcta interpretación teórica” de la realidad, pero ya sabíamos que para obtenerla necesitábamos abandonar la “óptica de los centros mundiales” [...] “una de las fallas más serias que padece la teoría económica general, contemplada desde la periferia, es su falso sentido de
universalidad”” (Furtado, 1988, pag.53)

Era evidente la necesidad de repensar algunas cuestiones que parecían bien asentadas en teoría económica, sin embargo:

“El texto no comportaba propiamente una crítica a la teoría clásica (o neoclásica) del comercio internacional. Su objeto de ataque era el sistema real de división internacional del trabajo, que venía conduciendo históricamente a la concentración de la renta en beneficio de los centros industrializados. Se afirmaba que la legitimidad de ese sistema se fundaba en la tesis de que los frutos del progreso técnico tendían a “repartirse con ecuanimidad” entre los países que participaban del intercambio. Pero ahí los datos estaban demostrando lo contrario, porque los términos del intercambio evolucionaban persistentemente en desmedro de los países de la periferia.” (Furtado, 1988, pag.53)

Estas ideas comenzaron a ser pulidas y expuestas en el ámbito de las conferencias anuales de las Naciones Unidas. Iniciaron de inmediato un intenso debate entre los economistas teóricos y prácticos del “centro” y la “periferia”, incluso la continuación de la CEPAL fue puesta en jaque por intereses adversos. Aunque de elevado contenido y consistencia teóricos, recién en el año 1959 las ideas de Prebisch fueron presentadas formalmente al mundo académico internacional en un artículo titulado “Comercial Policy in the Underdeveloped Countries” publicado por The American Economic Review en su volumen 49 (mayo de 1959).


Prebisch y la Teoría del Desarrollo Económico


El contexto histórico en el cual surge la problemática del desarrollo

Como sostiene la mayoría de los historiadores del pensamiento económico, las teorías económicas nacen motivadas por la problemática propia de cada época histórica. El caso de las teorías del desarrollo económico no es la excepción. Ciertamente podemos encontrar la mayor parte de los esfuerzos intelectuales orientados a tratar la problemática del desarrollo económico entre los años 1940 y 1970. Entre los trabajos de mayor divulgación encontramos a los siguientes: Teoría del Desarrollo Económico, de W. Arthur Lewis (1955), La Estrategia del Desarrollo Económico, de A. Hirschman (1958), La Planeación del Desarrollo, de J. Tinbergen (1958), Las Etapas del Crecimiento Económico, de W. Rostow (1960), Revolución Industrial y Subdesarrollo, de P. Bairoch, (1963), entre otros muchos. Veamos entonces cuáles eran los principales sucesos que inspiraban la teoría económica en aquella época.

En este sentido, el punto más relevante era el cambio que las guerras mundiales habían ocasionado sobre el sistema internacional de división del trabajo. Desde la Revolución Industrial y hasta la Primera Guerra Mundial, el comercio internacional estaba articulado alrededor del Reino Unido, que funcionaba como centro productor y exportador de manufacturas y demandante e importador de productos primarios. En este contexto, los países productores de materias primas crecían al ritmo del crecimiento de Inglaterra, país que contaba con un elevado coeficiente de importaciones en su estructura productiva.

Ahora bien, este esquema de división internacional del trabajo entra en crisis y colapsa con las dos guerras mundiales, que desplazan el centro de la economía mundial hacia los Estados Unidos y destruyen a las economías europeas, incluida la del Reino Unido. El problema para los países productores de materias primas era que el nuevo centro económico, es decir, la economía con demanda suficiente como para absorber la producción mundial, era tanto productor y exportador de manufacturas (a semejanza del anterior centro) como también un eficiente productor de bienes primarios, fenómeno que repercutía en menor demanda para los países especializados en la producción de materias primas y alimentos, como todos los países latinoamericanos.

De esta manera, la armonía rectora del sistema de comercio internacional de preguerras es destruida y los países que anteriormente no tenían problemas en colocar toda su producción en los mercados ingleses y europeos, ahora se encontraban con la competencia directa del mayor demandante potencial y con una importante caída en los precios internacionales de los bienes que exportaban, dada la contracción de la demanda internacional.

Los países latinoamericanos sufrieron en este período importantes desequilibrios externos, disminución de la producción, y elevado desempleo, ya que la anterior demanda de trabajo en los sectores exportadores se encontraba estancada o en franco retroceso. Asimismo, estos países vieron lo vulnerables que podían ser ante cambios ocurridos en los grandes mercados externos y tomaron conciencia de la simplicidad y precariedad de su estructura económica (tengamos en cuenta que la mayoría de estos países dependía para su subsistencia de monocultivos o de cierto tipo de materia prima como son el café en el caso de Brasil, el cobre en el de Chile o el té en la India, tal era el nivel de especialización que había imperado)

El repentino reconocimiento del escaso desarrollo económico de los países productores de bienes primarios despertó entonces el interés de la teoría y la práctica económica por interrogarse acerca de cuáles eran los mecanismos responsables de que ciertos países se desarrollaran económicamente y otros no lo hicieran, y en todo caso presentar medidas de política económica para resolver este problema. En este sentido Prebisch fue uno de los primeros y más lúcidos intérpretes de la problemática del subdesarrollo y de las medidas económicas y políticas necesarias para superarlo.


Los requerimientos económicos para el desarrollo

El requerimiento principal para lograr un crecimiento económico sostenido es la acumulación de capital, es decir, la inversión productiva del excedente económico. Prebisch identifica aquí el mayor impedimento al desarrollo de los países periféricos, debido a que el excedente económico de los mismos no es suficiente para lograr la escala de inversión necesaria. En este aspecto se revelan dos males: primero, la baja tasa de ahorro interno de la economía, debido principalmente a la elevada concentración en la distribución del ingreso nacional; y segundo, la caída tendencial de los precios internacionales de los bienes exportados por estos países, con la consecuente disminución del poder de compra de bienes de capital importados.


El sistema centro-periferia

Con el fin de analizar la dinámica económica de los países subdesarrollados, a la que considera completamente dependiente de las relaciones comerciales con los países desarrollados, Prebisch construye un modelo dialéctico conformado por el centro (países industrializados y de elevado ingreso nacional) y la periferia (países con escasa o nula industrialización, dependientes de exportaciones de materias primas y de bajo ingreso nacional). Como afirma L. Di Marco en su análisis de la evolución del pensamiento de Prebisch:

“Lo primero que hay que caracterizar es el marco institucional en que se pretende juegue la teoría. Así, la de Prebisch parte de la existencia de una disparidad entre el crecimiento económico nacional de los países avanzados (el centro en su terminología) y aquel que se da en los países que aun se están desarrollando (la periferia). Las economías de los primeros se automantienen a través del progreso tecnológico, en tanto que las economías periféricas desempeñan el papel de suministradores de materias primas para los centros industriales.” (Di Marco, 1974)

Esta dualidad encuentra justificación en el argumento de que una importante causa del atraso de los países periféricos se encuentra justamente en las relaciones comerciales con el centro del sistema económico mundial. Por un lado, pues las decisiones de mayor o menor protección o apertura en las economías centrales impactan fuertemente sobre el nivel de actividad de la periferia, por otro, pues la evidencia empírica demuestra que históricamente los precios del comercio exterior tienden a deteriorarse para los países exportadores de bienes primarios.

“Es interesante insistir sobre los rasgos salientes de los dos tipos de sistemas. Así, las características de las áreas centrales son: su habilidad para retener sus propios incrementos de productividad y distribuir las ganancias entre todos sus miembros (en la forma de salarios y beneficios más elevados); su habilidad para ahorrar aproximadamente el 15 por ciento del ingreso nacional, ahorro utilizado para generar nuevo capital; su habilidad para reducir las horas activas de la clase trabajadora; su habilidad para mantener un siempre creciente gasto público para beneficio comunitario. Las regiones periféricas, en cambio, están caracterizadas por niveles de consumo que superan los resultados de su producción; por tener una baja capacidad de ahorro (alrededor del 5 por ciento); están, en consecuencia, sujetas a los problemas derivados de cualquier fluctuación proveniente del funcionamiento más o menos competitivo del mercado internacional de capitales. Hay que destacar también que las reducidas ganancias van a manos de unos pocos privilegiados, los cuales, en la mayoría de los casos, no las reinvierten productivamente o envían sus ingresos al extranjero” (Di Marco, 1974)


Factores estructurales que estrangulan el desarrollo

Según Prebisch, los países periféricos enfrentan varios problemas de índole estructural que impiden su progreso económico. Los obstáculos identificados provienen tanto de características propias de estos países como también de factores originados en sus relaciones económicas con el resto del mundo. De esta manera, es necesario buscar las causas del subdesarrollo tanto en factores internos como externos, ya que ambos se combinan para estrangular el crecimiento.


Los factores internos


1) La absorción improductiva de mano de obra, el desempleo estructural y la concentración del ingreso

Una de las primeras barreras que se interponen al normal desenvolvimiento económico de la periferia reside en la insuficiencia del crecimiento de la actividad secundaria para absorber la mano de obra desplazada de la agricultura. En efecto,

“Hay aquí un doble fenómeno que explicar: el desplazamiento de gente del campo hacia las ciudades y la forma precaria en que allí se absorbe. Las razones del desplazamiento son conocidas. La demanda de productos primarios crece menos que la de productos industriales, conforme aumenta la demanda general por habitante. En la experiencia reciente del conjunto de América Latina por cada uno por ciento de aumento en la demanda general, la demanda agrícola crecía sólo en 0,5 por ciento en tanto en la industrial lo hacía en 1,4 aproximadamente.” (Prebisch, 1963, pág. 28)

El problema surge debido a que la demanda de trabajo de las actividades productivas no primarias no aumenta tan velozmente, a causa de la escasa incorporación de capital y del uso de tecnologías importadas, diseñadas con la finalidad de economizar trabajo (factor escaso en los países centrales) en el proceso productivo.

En este mecanismo, Prebisch identifica el primer circulo vicioso que conduce al estancamiento en el subdesarrollo, a saber: la escasez de absorción de mano de obra en las actividades productivas no primarias se debe a la escasez de incorporación de capital en la producción, hecho que a su vez es causado por la baja tasa de ahorro y de inversión de la economía, siendo este fenómeno efecto de la inadecuada distribución del ingreso producto del elevado desempleo. Es decir, el desempleo y la baja productividad del trabajo son al mismo tiempo causa y efecto de si mismos.


2) La incapacidad de producción interna de bienes de capital y la necesidad de cooperación internacional

El segundo problema que se presenta es la falta de industrias productoras de bienes de capital en los países periféricos. Así, aunque eventualmente sea posible aumentar la tasa de ahorro interna con la finalidad de dedicar recursos a la inversión, la única posibilidad de aumentar el stock de capital es, al menos durante una etapa inicial de desarrollo, importar bienes de capital desde los países centrales. Sin embargo, como veremos a continuación, existen ciertos factores externos que impiden el flujo de divisas necesario para importar los bienes de capital. En este contexto, Prebisch sostiene que es imprescindible la ayuda externa para lograr el desarrollo, ya que:

“...en las circunstancias presentes, América Latina no podría acelerar su tasa de crecimiento sin cooperación exterior. Se requiere la aportación temporal de recursos internacionales, hasta que la sustitución de importaciones y el aumento de las exportaciones vaya permitiendo el empleo interno y externo del mayor ahorro que se obtenga por la compresión del consumo.” (Prebisch, 1963, pág. 38)

Los factores externos


1) La elevada elasticidad ingreso de la demanda de manufacturas con relación a la demanda de bienes primarios y el deterioro secular de los términos de intercambio para los países periféricos

Una de las primeras tesis propuestas por Prebisch es la relativa a la disparidad en el crecimiento de la demanda de bienes manufacturados respecto de la demanda de bienes primarios. La evidencia empírica por él analizada le permitía sostener la proposición de que, como regla general, al aumentar el ingreso de los países aumenta más que proporcionalmente la demanda de bienes manufacturados, siendo la demanda de bienes primarios bastante inelástica respecto del ingreso. Como resultado de esto, los precios de los productos exportados por los países periféricos (bienes primarios) tienden históricamente a caer respecto de los precios de los productos que importan (bienes manufacturados), deteriorándose de este modo los términos de intercambio, o dicho de otro modo, el poder de compra de las exportaciones:

“En última instancia, la presión sobre los precios de las exportaciones y la correspondiente tendencia hacia el deterioro en los términos de intercambio en el proceso de crecimiento de los países periféricos sujeto al libre juego de las fuerzas del mercado es el resultado de disparidades en la elasticidad ingreso de la demanda y la forma desigual en la cual el progreso técnico se ha dispersado en la economía mundial, ocasionando grandes disparidades en las densidades tecnológicas” (Prebisch, 1959)

La adversidad del deterioro secular en los precios relativos del comercio internacional impacta entonces en dos dimensiones: por un lado restringe aun más las posibilidades de importación de bienes de capital necesarios para el aumento de la productividad y el ingreso nacional, por otro, crea una presión al desequilibrio externo en la medida en que al país aumenta la demanda de bienes manufacturados al aumentar su nivel de vida. De este modo, Prebisch argumenta que el esquema de comercio internacional al cual están sujetos los países periféricos, basado en la exportación de materias primas y la importación de manufacturas, termina por estrangular los intentos por elevar las tasas de crecimiento de estos países. Al respecto afirma que:

“Es cierto que al fin ha terminado por aceptarse la industrialización periférica como exigencia ineludible del desarrollo económico. Pero subsiste el esquema anacrónico de intercambio inherente a ese concepto peculiar de la división internacional del trabajo que prevalecía hasta hace poco: el intercambio de productos primarios por manufacturas. Dentro de ese esquema ha venido desenvolviéndose la industrialización de nuestros países. Y ahora comienza a sentirse con creciente intensidad el obstáculo que ello trae al desarrollo económico, porque la demanda de manufacturas que importamos tiende a elevarse con celeridad, las exportaciones primarias se acrecientan con relativa lentitud, en gran parte por razones ajenas a los países latinoamericanos. Hay pues, una tendencia latente al desequilibrio que se agudiza con la intensificación del desarrollo económico” (Prebisch, 1963, pág. 7)

y agrega:

“El estrangulamiento exterior del desarrollo no es consecuencia sólo de la lentitud con que tienden a crecer las exportaciones primarias frente a la celeridad con que lo hacen las importaciones industriales provenientes de los grandes centros, y del escaso intercambio recíproco de los países latinoamericanos, sino que en los últimos años obedece también en gran medida al deterioro de la relación de precios del intercambio, que tanto afecta al poder de compra de las exportaciones. Como resultado de todo ello, el valor de las exportaciones por habitante latinoamericano ha bajado de 58 dólares en 1930 a 39 dólares en 1960 (a precios de 1950.”(Prebisch, 1963, pág. 9)


2) El creciente proteccionismo en los mercados centrales

Al margen de la ley empírica sobre la elasticidad-ingreso de la demanda de bienes y la tendencia secular al deterioro de los términos de intercambio, está produciéndose en la economía mundial de la época una tendencia al proteccionismo de los mercados nacionales en los países centrales. Europa se encuentra en una etapa de reindustrialización basada en el desarrollo de su mercado interno y la construcción de un bloque de libre comercio continental, mientras que los Estados Unidos siempre han tenido un coeficiente de importaciones relativamente bajo junto a políticas de protección de la industria local y apoyo a los productores agrícolas. Es este marco, la perspectiva de un crecimiento basado en la dinámica exportadora ciertamente parecía complicado para los países periféricos:

“Las exportaciones de América Latina están afectadas desde luego, por ese fenómeno universal de lento crecimiento de la demanda de productos primarios comparada con la intensa demanda de manufacturas conforme crece el ingreso por habitante. Pero a ese hecho se agregan otros factores de considerable importancia. Por un lado, el ritmo moderado de crecimiento de la economía de los Estados Unidos y sus restricciones de importación han influido en forma adversa sobre las exportaciones latinoamericanas. Y, por otro, el proteccionismo y las discriminaciones del mercado común europeo impiden que podamos aprovechar plenamente el crecimiento sostenido de la demanda de productos primarios en la vasta zona económica de aquél.” (Prebisch, 1963, pág. 8)


La tesis del círculo vicioso del subdesarrollo y la industrialización como solución al Estancamiento

Todas estas consideraciones confluían en la idea de que el subdesarrollo consistía en un estado de equilibrio, del cual no era posible escapar por medio de las fuerzas del libre mercado. El problema requería entonces comprender el funcionamiento del mecanismo que lo causaba y emprender luego las acciones necesarias para vencer la inercia. De lo contrario, los países periféricos continuarían en su estado de subdesarrollo, agravado por el hecho de que aumentaría constantemente la brecha que los separaba de los centrales, ya que estos ya se encontraban sobre un sendero de crecimiento estable.

Frente a esta evolución de la economía mundial, Prebisch sostenía que lo único que los países periféricos podían hacer para salir de su atraso relativo, era encarar por sí mismo un proceso de industrialización de sus economías basado en el desarrollo del mercado interno de cada país y en la constitución de mercados comunes entre ellos.

La industrialización era el único proceso que podría contrarrestar la constante presión que el desarrollo ejercía sobre la balanza de pagos, al abastecer la demanda de manufacturas con producción nacional, sustituyendo las importaciones y liberando divisas para la adquisición de bienes de capital y tecnología:

“La sustitución de importaciones (definida aquí como un incremento en la proporción de bienes que es ofrecida por fuentes domésticas y no necesariamente como una reducción en la razón importaciones-ingreso total) es la única manera de corregir los efectos sobre el crecimiento periférico de las disparidades en las elasticidades del comercio exterior.” (Prebisch, 1959)
y a continuación expone el siguiente ejemplo numérico:

“Asumiendo que la tasa de crecimiento del ingreso en el centro es de 3 por ciento al año y que la elasticidad-ingreso de la demanda de importaciones de bienes primarios es 0,80 y que no hay sustitución de importaciones, entonces la tasa de crecimiento de estas importaciones será 2,40 por ciento (3 por ciento x 0,80 por ciento) por año. Supongamos ahora que en la periferia la elasticidad-ingreso de la demanda de bienes industriales del centro es 1,30. Si, en un proceso de desarrollo balanceado, la tasa de crecimiento de estas importaciones no debe ser mayor que la de las exportaciones, entonces el ingreso de la periferia no puede crecer más que 1,84 por ciento al año. Esta es la tasa que, combinada con el coeficiente de elasticidad, da el límite de crecimiento de las importaciones – es decir, una tasa de 2,40 por ciento, la misma que para las exportaciones.” (Prebisch, 1959)

Comienzan a esclarecerse así las limitaciones que encuentra la periferia para elevar su tasa de crecimiento al nivel de la de los países centrales. Por consiguiente resulta necesario tomar medidas tendientes a la sustitución de importaciones:

“Si el ingreso de la periferia creciera a una tasa, digamos, similar a la de 3 por ciento del centro, su demanda de importaciones de productos industriales crecería a una tasa de 3,9 por ciento (3 por ciento x 1,3 por ciento) mientras que las exportaciones de bienes primarios crecerían sólo a la tasa de 2,40 por ciento. Para cerrar la brecha entre estas dos tasas, o bien la tasa de crecimiento de la demanda de importaciones debería caer en 1,5 por ciento por medio de la sustitución de importaciones, o exportaciones industriales deberían ser añadidas a las de bienes primarios, o una combinación de ambas cosas.” (Prebisch, 1959)

Asimismo, la industrialización era la única vía de absorber la creciente proporción de mano de obra desempleada, elevar el ingreso nacional, el ahorro interno, la inversión y la productividad del trabajo, y mejorar de este modo la distribución de la renta y el nivel de vida de la población.

El problema entonces era lograr el adecuado balance entre la demanda de importaciones de bienes de capital, necesarios para desarrollar la industria nacional que sustituyera las importaciones de bienes manufacturados de consumo, y las divisas disponibles, inicialmente provenientes de los sectores exportadores de materias primas. La solución propuesta por Prebisch era la protección de la industria naciente preferentemente mediante impuestos a las importaciones de bienes de consumo y subsidios a la producción de manufacturas domésticas. En este sentido, el argumento proteccionista basado en la industria naciente había sido propuesto ya en 1791 por A. Hamilton en los Estados Unidos, en 1848 por J. Stuart Mill en Inglaterra y en 1856 por F. List en Alemania.

Sin embargo, Prebisch insistentemente sostiene que la industrialización sustitutiva de importaciones no debe ser el fin del proceso de desarrollo, por en contrario, es necesario procurar un estado tal de la industria que esta termine por poder competir con la de los países avanzados con el objetivo de lograr un buen desempeño exportador:

“Ante todo es necesario crear una conciencia exportadora. Por razones que ya se han explicado, la industrialización se ha basado casi exclusivamente en la sustitución de importaciones; no hay conflicto alguno entre ello y el fomento de las exportaciones. Industrias que empiezan por atender necesidades del mercado nacional a medida que van adquiriendo experiencia y aptitudes, pueden extender sus actividades a mercados de exportación. En general, sin embargo, las actividades más intensas de sustitución de importaciones son las que se han llevado a cabo en el campo de las industrias ligeras, y esta es precisamente la esfera donde la demanda es menos activa en los países desarrollados y donde es menor la sensibilidad a las exportaciones de bajo costo. Sin renunciar en modo alguno a la esperanza de que los países desarrollados puedan facilitar progresivamente el acceso a sus mercados de los productos de esas industrias ligeras, los países en desarrollo deben procurar, además, aprovechar las múltiples oportunidades que se ofrecen en campos donde la demanda es más dinámica.” (Prebisch, 1964, pag. 90)


La necesidad de planificación

El desarrollo económico no se da espontáneamente, bajo el libre juego de las fuerzas del mercado. Todo lo contrario, vimos que sin intervención, los países periféricos quedan atrapados en la “trampa de subdesarrollo”. Es necesario entonces encarar concientemente un proceso de planeación de las inversiones necesarias para elevar la productividad y el ingreso de la economía, y para encontrar el balance apropiado entre los escasos recursos disponibles (las divisas para adquirir los bienes de capital) y las necesidades de inversión:

“No había necesidad de discurrir ante la opinión pública acerca del desarrollo cuando este se cumplía por su propio impulso en la evolución capitalista. El problema de la acumulación de capital no tenía por qué dilucidarse allí, si se resolvía espontáneamente. Este es sin duda el problema primordial del desarrollo latinoamericano. Admitido que haya que tomar medidas muy firmes para aumentar el caudal de ahorro, habrá que asegurar también que los recursos así obtenidos se dediquen efectivamente al acrecentamiento del capital y a que este capital se oriente a conseguir los objetivos del plan de desarrollo” (Prebisch, 1963, pág. 17)

Sin embargo, Prebisch es consciente tanto de la dificultad que esto implica como de lo inexorable de su ejecución:

“Todo esto demuestra que el designio de influir sobre las fuerzas del desarrollo es de muy vastas dimensiones en tiempo y en extensión. No sólo exige la transformación de estructuras, sino también mudanzas de actitudes, de modos de ver y de formas de actuar. ¿Pero se conseguirán las mudanzas en nuestros países? Preguntárselo entraña con frecuencia un sentido de escepticismo que desalienta la acción. Hay que empeñarse ineludiblemente en hacerlo, porque no hay otra solución. No hay solución por las solas fuerzas del mercado, la inversión privada extranjera y el Estado prescindente” (Prebisch, 1963, pág. 19)


La necesidad de integración económica de los países latinoamericanos

Una de las conclusiones más resaltadas por Prebisch era justamente la necesidad que tenían los países periféricos de crear espacios de comercio común. De esta manera podrían desarrollar sus industrias mutuamente aprovechando la escala de mercados internos expandidos, y encontrar cierta protección frente a la competencia de la industria adulta de los países centrales. No es casual que los primeros intentos de constituir un área de libre comercio e integración económica para América Latina estén influidos y asesorados por organismos como la CEPAL.

“En ese módulo pretérito de intercambio internacional que se ha comentado en otro lugar [se refiere al viejo sistema de división internacional del trabajo]9 los países latinoamericanos convergían y siguen convergiendo hacia los grandes centros, con muy escasa comunicación entre ellos, salvo en el limitado intercambio de algunos productos primarios. La industrialización se ha venido desarrollando en compartimentos estancos, según la frase consabida, y el mercado común se impone como otro de los medios conducentes a la corrección de la tendencia hacia el estrangulamiento exterior y promover la economicidad de aquel proceso industrializador” (Prebisch, 1963, pág. 107)


Prebisch y la Escuela Estructuralista Latinoamericana

Raúl Prebisch sin duda fue uno de los economistas más originales, influyentes y reconocidos internacionalmente de América Latina. Supo conjugar la excelencia académica y teórica con la fuerza y convicción de la praxis de sus ideas sobre política económica. La originalidad de su enfoque sobre los problemas del desarrollo lo han transformado en el padre intelectual de la Escuela Estructuralista Latinoamericana, acaso la única expresión autóctona sobre teoría económica. Junto a él destacan las figuras del brasileño Celso Furtado y del chileno Osvaldo Sunkel.

Sin embargo, fue también colega de economistas como Hans Singer (con quien comparte la autoría de la actualmente conocida Tesis de Singer-Prebisch, sobre elasticidades ingreso de demanda y términos de intercambio), Hollis Chenery o Gunnar Myrdal, entre otros importantes exponentes de la Teoría del Desarrollo Económico. Prebisch ocupa, por tanto, un lugar destacado en casi medio siglo de historia del pensamiento económico.


Biografía de Raul Prebisch

Raúl Prebisch nació en la ciudad de Tucumán el 17 de abril de 1901. Se graduó en
Economía en la Universidad de Buenos Aires en 1923. Fue profesor de Economía Política en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA desde 1925 a 1946. Desde 1925 a 1927 fue subdirector de la Dirección de Estadísticas, y desde 1927 a 1930, director de Investigaciones Económicas en el Banco de la Nación Argentina. Fue Subsecretario de Hacienda y Agricultura entre 1933 y 1935. Asimismo, fue uno de los fundadores y primer Director General del Banco Central de la República Argentina (1935-1943). Luego de su retiro del Banco Central, Prebisch se dedicó a la investigación y a la tarea universitaria entre los años 1943 y 1948. Asesora la formación y administración de varios Bancos Centrales de América Latina. En 1950 fue designado Secretario Ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL), organismo en el cual se encontraba desde 1948. Renunció a dicho cargo en 1963. En ese año es designado Secretario General de la Conferencia sobre Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (UNCTAD). Murió en 1986.


Referencias

Di Marco, L. (1974): “La Evolución del Pensamiento Económico de Prebisch”, publicado en Economía Internacional y Desarrollo: Estudios en Honor de Raúl Prebisch, ed. L. Di Marco, Buenos Aires, Ediciones Depalma, 1974.

Furtado, C. (1988): La Fantasía Organizada, Buenos Aires, EUDEBA, 1988.

González, N. (2001): “Las Ideas Motrices de Tres Procesos de Industrialización”, Revista de la CEPAL, Nro. 75, Diciembre de 2001.

Prebisch, R. (1959): “Comercial Policy in the Underdeveloped Countries”, The American Economic Review, Volúmen 49, Mayo de 1959.

________ (1963): Hacia una Dinámica del Desarrollo Latinoamericano, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1963.

________ (1964): Nueva Política Comercial para el Desarrollo, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1964.

________ (1985): “La Periferia Latinoamericana en la Crisis Global del Capitalismo”, Anales de la Asociación Argentina de Economía Política, 1985:1, 7-58.

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