miércoles, 1 de septiembre de 2010

La Aritmética Política y la medición de lo social

Cuando John Graunt y William Petty descubrieron a mediados de siglo XVII, al confeccionar las tablas de mortalidad del Reino Unido, que año tras año los porcentajes de causales de muerte eran relativamente constantes entre la población británica , no sólo dieron origen a la demografía moderna, sino que mostraron la posibilidad de constituir una ciencia de las “leyes naturales” que regulan a las sociedades.

En ese momento, la Filosofía política se planteaba el problema de poder explicar la constitución y la organización de la sociedad moderna no como una “institución divina” sino como una construcción humana. Entonces, el objetivo de investigar la “naturaleza humana” se volvió central para dar cuenta de la posibilidad teórica y practica de un tipo moderno de sociedad, basada en individuos movidos por sus pasiones y por su interés propio.

El proyecto de la Fisiocracia y de la Economía clásica no era otro que el de analizar la posibilidad de una sociedad de intercambio, constituida por hombres propensos al comercio que demandaban la ampliación del mercado y la libertad de comerciar. Adam Smith nos dirá que “no es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés” . Sin embargo, a pesar de que todos los miembros de la sociedad actúan buscando su propio interés y buscando su propia ganancia, son conducidos “por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones”, pero lejos de ser malo para la sociedad, este hecho promueve el interés social “de una manera más efectiva que si esto entrara en sus designios” . Es decir, a pesar de lo paradójico que pudiera parecer, no había contradicción en deducir de una “naturaleza humana” egoísta la posibilidad de un orden social.

La cuestión era entonces la de entender empíricamente tanto las motivaciones humanas como el producto social que ellas generan, buscar las “leyes naturales” que explican el comportamiento individual y el comportamiento social, buscar la “naturalización” del hombre y de la sociedad. Pero, ¿sería posible que el errático, imprevisible y pasional comportamiento individual diera origen a “leyes naturales”? Efectivamente era posible, según lo habían demostrado Graunt y Petty con su Aritmética Política. David Hume dirá en sus Essays que “lo que depende de unas pocas personas debe ser en gran medida adjudicado al azar o a causas secretas y desconocidas. Lo que resulta de un gran número puede usualmente ser explicado por causas determinadas y conocidas.”

Con la Aritmética Política surgía entonces la posibilidad de estudiar las “leyes naturales” que mueven a las sociedades y las economías como un todo, más allá de las pasiones individuales. Diría Petty: “el método que utilizo todavía no es muy común, pues en lugar de emplear solamente términos en comparativo y en superlativo y argumentos puramente racionales, he adoptado un método consistente en expresarme en términos de números, pesos y medidas: en servirme únicamente de argumentos conferidos por los sentidos y en considerar solo las causas que tienen bases visibles en la naturaleza; dejo a la consideración de los otros los argumentos que dependen de las ideas, de las opiniones, de los deseos, de las pasiones variables de los individuos; declarándome incapaz de hablar satisfactoriamente sobre estos temas, como predecir la tirada de un dado” .

William Petty, será el primero en pensar y desarrollar una macroeconomía, intentando contabilizar la riqueza de un Estado a partir de la cantidad de trabajo, tierra y capital y vinculando estas magnitudes agregadas con su producto anual y los recursos fiscales. Sin embargo, la finalidad de la Aritmética política era sumamente pragmática, el conocimiento importaba en tanto fuente de poder del soberano. “En consecuencia, se concibe a la estadística como un medio de gobierno: es la base esencial de toda verdadera política fiscal. En efecto, Petty, Vauban o Boisguilbert desarrollan sus cálculos con una finalidad fiscal. Quieren mostrarle al soberano que su reino es más rico que lo que parece”

Diderot definirá en la Enciclopédie a la Aritmética Política como “aquella cuyas operaciones tienen la finalidad de hacer búsquedas útiles para el arte de gobernar a los pueblos, como las de la cantidad de hombres que viven en el país; la cantidad de alimentos que deben consumir; el trabajo que pueden hacer, el tiempo que tienen para vivir; la fertilidad de las tierras; la frecuencia de los naufragios, etc. […] Un ministro hábil sacaría de todo ello una multitud de consecuencias para el perfeccionamiento de la agricultura, para el comercio interior y exterior, para las colonias, para las políticas de cambio y el empleo del dinero, etcétera.”

Considerada en tanto aritmética, su fin era el de relevar datos de la realidad, datos experimentales, y en tanto política, poner estos datos a disposición del soberano y sus ministros para la toma de decisiones, para el “buen gobierno” del estado. Sin embargo, esto que parecía en principio una mera contabilidad nacional, que tomaba a la población y al mundo económico como datos de la realidad, se fue transfigurando en las mentes más filosóficas de hombres como Quesnay, Hume, Smith, Malthus o Ricardo, en una disciplina que aspiraba a conceptualizar estos datos de la realidad como objetos de estudio científico, como parte de un “orden natural” articulado y armónico, y no como objetos pasivos de un ordenamiento jurídico-gubernamental.

La población, al igual que el resto del mundo económico, iba a ser “naturalizada”. Pero “¿qué significa esta naturalidad de la población? ¿Por qué desde ese momento ésta será percibida, no a partir de la noción jurídico-política de sujetos, sino como una especie de objeto técnico político de una gestión y un gobierno? […] La población, tal como se la va a problematizar en el pensamiento y en la práctica gubernamental del siglo XVIII, no es la simple suma de los individuos que habitan un territorio. No es tampoco el mero resultado de su voluntad de reproducirse, ni la contratara de una voluntad soberana que puede favorecerla o darle forma. De hecho, la población no es un dato básico; depende de toda una serie de variables. Variará con el clima. Variará con el entorno material. Variará con la intensidad del comercio y la actividad en la circulación de las riquezas. Variará desde luego, según las leyes a las cuales esté sometida, por ejemplo los impuestos o las leyes de matrimonio, y variará sobre todo con la situación de los artículos de subsistencia.”

De esta manera, los objetos de medición de la Aritmética Política pasaron a formar parte de un sistema de pensamiento que los puso en interacción, que buscó deducir su lógica de funcionamiento conjunto, que los situó en un espacio de interdependencia mutua, y los analizó de la misma forma que la Filosofía natural y experimental analizaba al resto de la naturaleza. Esta nueva ciencia de la sociedad moderna sería la Economía Política.

De esta forma, la medición pasó a formar parte de un objetivo mayor, ya no sería solamente una actividad burocrática, puesta al servicio de la recaudación impositiva, de la estimación de hombres para la milicia, o de la legislación del comercio exterior y la política de aduanas. La medición tendría como objetivo servir de elemento de explicación para la Economía política. Cuando Quesnay expuso su teoría del flujo del valor y la determinación del ingreso social a Luis XV por medio del Tableau Economique , intentó representar fielmente la cuantía de la circulación, las cifras y relaciones que vinculaban la producción agrícola con el consumo de la ciudad, y sus interacciones mutuas. La noción de producto e ingreso de cada sector económico era una cantidad estimable; el Tableau era, al mismo tiempo, un producto del análisis de esas cantidades y un instrumento para verificar una teoría, la teoría de que la actividad económica de toda la sociedad estaba apoyada sobre el excedente de la agricultura.

Adam Smith en su famoso pasaje sobre la fábrica de alfileres también utiliza la evidencia empírica para explicar su teoría acerca de la división del trabajo. La especialización en las tareas y la organización fabril de la producción mostraban los aumentos de la productividad del trabajo y servía a su vez como evidencia de que la teoría de que la división del trabajo impulsaba el progreso económico de las naciones, al contribuir a aumentar el comercio y la extensión de los mercados.

Las cantidades producidas, los precios, los salarios, los beneficios del capital, la cantidad de mano de obra y de fábricas, ya no eran sólo datos comparativos entre países, sino variables que se integraban y vinculaban a una teoría del progreso económico, eran evidencia del funcionamiento de un mecanismo que las relacionaba, si el mecanismo funcionaba correctamente esas cantidades se moverían en el buen sentido, en el sentido del progreso, si el mecanismo no funcionaba correctamente entonces las cantidades se estancarían y con ellas el progreso de la sociedad. Entonces era muy importante seguir de cerca la evolución de estas cantidades para saber si la sociedad se encontraba en un estado de progreso, de estancamiento o de decadencia. En este sentido nos dice Smith que “la demanda de mano de obra asalariada aumenta necesariamente con el incremento del ingreso y del capital de las naciones, y no puede aumentar sino en ese caso. El aumento del ingreso y del capital es el incremento de la riqueza nacional. En consecuencia, la demanda de obreros aumenta de una manera que pudiéramos llamar natural con el incremento de la riqueza nacional, y no puede subir si no existe ese aumento. Lo que motiva el alza de los salarios, no es la magnitud real de la riqueza de la nación, sino su continuo incremento. Por lo tanto, donde los salarios están más altos no es en los países más ricos, sino en los más laboriosos o en los que más rápidamente se enriquecen.”

De esta manera, sistemáticamente se fue consolidando una teoría de la determinación de las cantidades de los objetos del mundo económico. Aquello que comenzaron a medir los aritméticos políticos, se transformó en un conocimiento no sólo de cantidades sino también de relaciones e interrelaciones, el vínculo entre la medición y la teorización de la economía y la sociedad ya estaba consolidado, el proyecto de construir una ciencia de la sociedad a imagen de la Filosofía experimental ya tenía sus primeras manifestaciones de éxito en los economistas clásicos. La medición sistemática, guiada por la teoría e inspiradora de la teoría, estaba llamada a desentrañar las “leyes naturales” que regulan el mundo social.

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