martes, 17 de agosto de 2010

Mercantilismo, fábricas y comercio

Otra característica muy difundida de la política comercial mercantilista era el diferente tratamiento de la prohibición de exportar mercancías en relación a la fase de fabricación en que se encontraban. Por un lado se obstaculizaba la exportación o se fomentaba la importación de las mercancías usadas como materias primas en la fabricación de otros productos, por otro sólo se fomentaba o no obstaculizaba la exportación de bienes totalmente fabricados al tiempo que se impedía que este tipo de bienes se importara. En palabras de Colbert: “Todo el comercio consiste en rebajar los aranceles de entrada de las mercancías necesarias para las manufacturas que funcionan dentro del Reino, recargando los de las que vienen ya manufacturadas”.

La excepción a esta regla era la política concerniente al comercio de maquinaria. En el comercio internacional de maquinaria existía una fuerte intervención, y la idea era impedir que las máquinas que fabricaban las mercancías nacionales se exportaran a otros países con el consecuente desarrollo de la misma industria en el exterior y el perjuicio que este traería a las exportaciones y la industria nacional.

Las trabas o prohibiciones a la exportación de materias primas y el fomento de la exportación de mercancías manufacturadas influían claramente sobre los beneficios y la distribución de la renta entre los distintos sectores, perjudicando a los productores de materias primas y beneficiando a los artesanos e industriales. El mecanismo a través del cual operaba la redistribución era el cambio de precios relativos: la prohibición de exportar materias primas hacía que toda la oferta se destinara al mercado interno y su precio fuera bajo, mientras que los productores de manufacturas vendían su oferta a precio internacional:

El trato dado en Inglaterra a la exportación de cuero es muy instructivo. Primeramente se prohibió por una ley de 1662. Luego en el preámbulo a una nueva ley de 1667-68 se decía que, a consecuencia de la severa prohibición de exportar cueros, “los precios de éstos, y por consiguiente, también los de las pieles sin curtir, han bajado considerablemente de precio, con grave daño de la ganadería y determinando una baja en las rentas y en el valor de la tierra”, mientras que los zapateros y otros operarios en cuero mantenían, a pesar de ello, sus precios bastante altos. Como se ve, la política de trabas a la exportación y sus repercusiones sobre la producción de los propios medios de producción provocaba un típico dilema. La prohibición de exportar artículos a medio fabricar podía traer como consecuencia el que la mercancía ya no pudiese ser exportada en modo alguno.

Es decir, más allá de los intereses de cada sector y de cuánto gravitaran sus interlocutores en la discusión y el diseño de la política económica de la época, se tenía una clara noción de las repercusiones o consecuencias a mediano y largo plazo que podía ocasionar una política comercial proteccionista en extremo, que con el objetivo de proteger a un sector en particular (en este caso el productor de manufacturas) se corriera el riesgo de destruir a otro (a los productores de materias primas) e incluso a toda la cadena productiva de la mercancía en cuestión, con los graves efectos que esto tendría sobre el empleo.

Cuando el sistema colonial primero, y el comercio internacional luego, articularon lo que con posterioridad se daría en conocer como la “división internacional del trabajo”, los dilemas internos relacionados con la redistribución del ingreso entre productores de materias primas y de manufacturas se trasladaron al ámbito internacional, ya que las metrópolis (principalmente Inglaterra como primera potencia industrial) no dudaron en profundizar la política de protección de sus sectores manufactureros en desmedro de sus productores de materias primas, que eran ahora abundantemente provistas por las colonias (propias y ajenas) de América, África y Asia. Tal fue el “éxito” de este sistema de comercio internacional, que se mantendría por casi doscientos años, aunque con el paso del tiempo y de las ideas fue tiñendo sus orígenes mercantilistas en tintes de librecambio.

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