martes, 17 de agosto de 2010

Las primeras crisis financieras: La South Sea Bubble y la Mississippi Bubble

Uno de los episodios más influyentes del siglo XVIII en relación a la discusión e implementación de innovaciones en el sistema monetario y financiero fue la crisis de 1720, ocasionada en Inglaterra por la especulación sobre las acciones de la South Sea Company y en Francia sobre las de la Compagnie des Indes (previamente llamada Compagnie d'Occident o Compagnie du Mississippi).

La South Sea Company, creada en 1711 como compañía por acciones o “joint stock company”, tenía por finalidad explícita lucrar con el comercio entre Inglaterra y las colonias españolas de América del Sur (principalmente el comercio de esclavos africanos) pero como objetivo más inmediato y más rentable, como indica Kindleberger, el de competir con el recientemente creado Banco de Inglaterra (único banco privado por acciones permitido en ese momento) en la reestructuración de la deuda pública del tesoro británico.

A cambio de la adjudicación del monopolio de comercio con América del Sur, la corona británica propuso a la Compañía que operara como intermediaria en un canje de deuda del Tesoro (que se había endeudado fuertemente durante la participación británica en la guerra de sucesión española). La propuesta que acordaron la Compañía y el Tesoro inglés era la siguiente: la Compañía canjeaba a los particulares sus tenencias de deuda pública (principalmente anualidades vitalicias y perpetuidades) por acciones de la Compañía, y luego del canje la Compañía reestructuraba la deuda pública a mayores plazos y menores tasas de interés, por lo cual la corona saldría ganando. Por su parte, la Compañía obtendría capital del mercado para su expansión y los nuevos accionistas unos mayores retornos sobre su ahorro, dado que el futuro de la empresa se consideraba como muy promisorio.

Entre 1711 y 1717 la compañía se financió de esta manera, expandiendo la emisión de acciones a cambio de deuda soberana en poder de particulares y reestructurando a su vez esta deuda en mejores condiciones para el Tesoro. Paralelamente, el precio de las acciones de la compañía subía de forma gradual permitiendo obtener ganancias de capital suficientes a los particulares que canjeaban sus títulos de deuda por acciones. El éxito de esta operatoria fue tal que en 1719 la Compañía poseía el 25% del total de la deuda del Tesoro británico, por la que recibía pagos de interés de alrededor de un 6% anual. A su vez, dado que el precio de las acciones aumentaba, y el canje de acciones por deuda se realizaba aproximadamente a precios de mercado, la Compañía obtenía cada vez más títulos de deuda por cada acción que emitía.

En 1719, la Compañía propuso a la corona canjear más del 50% de su deuda pública y reestructurarla a intereses de entre el 4% y el 5% anual. A medida que avanzaba en las negociaciones con el Tesoro, la Compañía implementó una fuerte propaganda sobre sus potenciales beneficios esperados para incrementar el precio de mercado de sus acciones, y luego de pujar contra el Banco de Inglaterra que había ofrecido una propuesta similar, en abril de 1720 logró la aceptación del nuevo canje. Los esfuerzos de la Compañía por elevar el precio de sus acciones dieron importantes resultados y la especulación se desató sobre sus títulos, que entre enero y mayo de 1720 incrementaron su precio en 314%, pasando de 128 libras a 550 libras por acción.

La euforia por la riqueza generada para los accionistas de la South Sea Company fue tal, que se generalizó la idea de invertir financieramente en la bolsa, en acciones de nuevas compañías que comenzaban a proliferar. Esto representaba una seria competencia para la South Sea Company, la que forzó al Parlamento a dictar una ley en junio de 1720 que regulaba la creación de compañías por acciones, obligando a todas ellas a ser abaladas por una autorización de la corona o “Royal Chart”. Esta ley fue nombrada como la Royal Exchange and London Assurance Corporation Act y posteriormente conocida como la “Bubble Act”.

La continuidad de la euforia bursátil más los beneficios legales que había conseguido la Compañía, hicieron que el precio de su acción alcanzara las 1.000 libras en agosto de 1720, lo que representaba un aumento de casi el 1.000% en lo que iba del año. A partir de entonces la presión vendedora prevaleció, generando un círculo vicioso de ventas y caídas de precio seguidas por más ventas, cotizando para fines de septiembre del mismo en 150 libras la acción y generando una perdida generalizada de riqueza y la huida en masa de los mercados bursátiles, tanto de Londres como de Ámsterdam y Paris, contribuyendo a llevar a la quiebra a muchas empresas por acciones, entre ellas a la Compagnie des Indes francesa creada por John Law.

John Law, de origen escosés, luego de estudiar comercio y política económica en Londres (de donde huyó a Amsterdam en 1694 tras haber matado a un hombre en duelo y ser apresado), fue desde sus inicios profesionales un fuerte impulsor de la creación de bancos y nuevos instrumentos monetarios y financieros para impulsar el crédito y la actividad económica. En 1705 propuso al Parlamento escosés la creación de un banco nacional por acciones con el fin de aumentar la cantidad de dinero para combatir el desempleo, propuesta que formuló publicando en Edimburgo su obra Money and Trade Considered: With a Proposal for Supplying the Nation with Money. En ella afirmaba que el dinero bancario debería estar respaldado por tierra, oro o plata, y aunque esta obra tendría mucha influencia en su época, su propuesta no tuvo éxito. Luego de la unión en 1707 de los parlamentos de Escocia e Inglaterra, la situación de prófugo de la justicia inglesa obligó nuevamente a Law a exiliarse en Holanda y Francia.

En ese entonces, la situación económica y financiera de Francia era crítica debido a los grandes gastos y empréstitos en que Luis XIV había incurrido para hacer frente a la guerra de sucesión española. Luego de la muerte de Luis XIV se hizo cargo del gobierno de Francia el regente Felipe de Orleans, quien gobernaría entre 1715 y 1723, período conocido como la Regencia. Las transferencias al exterior de metales preciosos que ocasionó la guerra, había contraído la cantidad de moneda existente y su circulación, impactando negativamente sobre el comercio, la industria y el empleo. Fue entonces cuando Law convenció al Regente de implementar una política de expansión monetaria en base a la creación de un banco nacional con el poder de emitir papel moneda. El banco, creado en mayo de 1716, se llamó Banque Général y estaba capitalizado por 6 millones de libras (1.200 acciones de 5.000 libras cada una) de las cuales sólo una cuarta parte constituía moneda metálica siendo el resto billets d’etat, que eran títulos de deuda pública creados por Luis XIV luego de la guerra y que pagaban un interés. Al banco se le permitió emitir notas de crédito, que podían ser usadas para pagar impuestos, y la gran demanda que tuvieron estas notas impulsó al banco a emitir unos 60 millones de libras, es decir, un ratio sobre su capital total de 10 a 1, y sobre su capital en moneda metálica de 40 a 1. Los efectos económicos de esta expansión monetaria fueron positivos. Según Kindleberger la emisión de moneda fue limitada pero impulsó la circulación de medios de pago más allá de Paris y Lyon, contribuyendo a reactivar el comercio y la economía francesa.

El éxito que había tenido el Banque Général impulsó a Law a diseñar un mecanismo por el cual capitalizar el dinero bancario que había emitido y la posibilidad de respaldar nuevas y mayores emisiones, conocido como el “mississippi scheme”. En primer lugar, en agosto de 1717 Law compró la Compañie de la Louisiane, reestructurándola como una sociedad por acciones y renombrándola la Compagnie d’Occident, que luego absorbió a la Companie du Canada. De esta manera, la nueva compañía tenía el monopolio del comercio con todas las colonias francesas de América del Norte. En segundo lugar, en diciembre de 1718 el Banque Général fue convertido en el Banque Royal, entidad cuya emisión de notas estaban garantizadas por la corona francesa y que no estaba limitado en sus posibilidades de emitir, más allá de una autorización del Regente. En tercer lugar, en 1719, la Compagnie d’Occident absorbió a la Companie des Indes Orientales et de la Chine, tomando el nuevo nombre de Companie des Indes y monopolizando todo el comercio exterior de Francia con las colonias, a la vez que se encargaba de la recaudación de impuestos y de la acuñación de moneda. En cuarto lugar, en el mismo año, Law y el Regente acordaron que la Compañía ofrecería canjear la totalidad de la deuda pública francesa en poder del público por nuevas acciones de la Compañía, y de la misma manera que lo habían hecho los dirigentes de la South Sea Company, impulsó una fuerta campaña para elevar el precio de las acciones, que pasaron de valer 500 libras en 1719 a valer cerca de 18.000 libras en la primera mitad de 1720.

Este esquema permitió que la corona francesa consolidara su deuda concentrando la totalidad de la misma en los activos de la Compañía, a la que pagaba un interés anual del 3%. Al mismo tiempo, el único acreedor de la Corona era ahora la Compañía que, aunque propiedad de sus accionistas, estaba dirigida por la Corona.

A mediados de 1720 el pánico se desató, en parte contagiado por el colapso del mercado de capitales inglés a causa de la South Sea Bubble, y los tenedores de acciones de la Companie des Indes como de los títulos del Banque Royal corrieron a cambiar sus papeles por moneda. El Banco tuvo que suspender sus pagos y el precio de las acciones de la Compañía colapsó.

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