martes, 17 de agosto de 2010

Las dos rupturas

“El siglo XIX se traduce por un desencanto generalizado de la economía política: ya sea economía pura, política económica o simple rama de la ciencia del gobierno, renuncia a presentarse como la ciencia global y unificada del mundo moderno. List, Sismondi y Walras, aunque trabajando en direcciones muy diferentes, contribuyen a reubicar a la economía en un lugar subordinado. El mercado ya no es el concepto central a partir del cual puede captarse el conjunto de las relaciones sociales: no es más que un concepto teórico a construir o un mecanismo económico a corregir. Desde este punto de vista hay una doble ruptura en la historia de la economía política. La primera ruptura, en el siglo XVIII, traduce el pasaje de la aritmética política a la ciencia de la riqueza, puesto que la economía es comprendida como realización de la política y de la filosofía. La segunda ruptura, la del siglo XIX, traduce la voluntad de superar la diferencia entre la realidad y la representación liberal renunciando a las ambiciones de la economía política clásica. Estas son las rupturas decisivas en las que hay que insistir contra todas las perspectivas reconstructivistas que imaginan el progreso continuo y sin choques de un saber único que se encaminaría lentamente desde la ignorancia hacia la verdad. La economía no es un edificio al que cada cual habría aportado su pequeña o gran contribución desde el siglo XVI, incluso desde Aristóteles; ante todo es el lugar de una continua interrogación sobre la naturaleza misma de su objeto y los límites de su campo.” (Pierre Rosanvallon, “El capitalismo utópico”)

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