martes, 17 de agosto de 2010

Las “Corn Laws” y la transformación económica y política de Inglaterra

Las Leyes de granos o Corn Laws son un ejemplo interesante de la transformación operada en la economía y en la correspondiente economía política de la Inglaterra de los s. XVI, XVII y XVIII. Establecidas durante la Edad Media con el fin de abastecer las ciudades y evitar hambrunas, fueron en principio un claro ejemplo de la política de abastos medieval. Con el correr del tiempo, se fueron transformando en una medida proteccionista de los intereses de la fuerte clase de los terratenientes (“landlords”) ingleses y también de los pequeños granjeros (“farmers”).

Las Corn Laws regulaban el comercio internacional (exportaciones e importaciones) de granos. En un principio establecían, por un lado, la prohibición de exportar granos si su precio interno superaba un precio máximo determinado, y por otro, la prohibición o fuerte tarifación a la importación de granos si su precio interno era menor a un precio mínimo determinado. La finalidad de la Ley era mantener el precio interno de los granos, simultáneamente determinaba el precios de los alimentos (y los salarios reales de los consumidores de las ciudades) y las rentas de los agricultores, en una banda que fuera tolerable para los consumidores de la ciudad y no dañara la renta agrícola de los agricultores, que destinaban su producción tanto al mercado interno como al externo.

Durante el s. XVI en Inglaterra, la producción agrícola competía no con la industria sino con la producción de lana, por lo que los campos se usaban para sembrar granos o para pastura de ovinos. En esta competencia, la producción de lana al parecer comenzó a tener una rentabilidad superior a la producción de grano, la tierra destinada a cultivo disminuyó y los precios de los granos subieron, con el consecuente impacto político en las ciudades. Los agricultores presionaron por elevar los precios máximos a los que se les permitía exportar y por otro tipo de beneficios. Esta presión, junto con el temor de una caída en la capacidad de producción de grano, llevó al influyente político y economista John Hales durante el reinado de Eduardo VI (mediados del s. XVI), a facilitar la exportación de granos y prohibir la de lana con el fin de equilibrar las rentabilidades respectivas de cada actividad. La medida resultó en un incremento de la producción agrícola y los precios internos de los granos volvieron a bajar.

En el s. XVII Inglaterra era un fuerte exportador de granos y los landlords dominaban el parlamento. A su vez, el incremento de la población en las grandes ciudades como Londres y Manchester (incipiente polo industrial) presionaba crecientemente la demanda interna de granos y alimentos. Nuevamente se buscó entonces incrementar la capacidad productiva de grano del Reino (“A new policy of plenty”) y en los años 1663, 1673 y 1689 se dispuso la implementación de una serie de subsidios (“bounties”) a la exportación de granos. El efecto fue nuevamente el incremento de la exportación y de la producción de granos, cada vez concentrada en explotaciones más extensas y capital-intensivas. Esta época constituyó el cenit de la clase agrícola inglesa y de su poder político y económico.

A mediados de s. XVIII, cuando la Revolución Industrial comenzaba a transformar a Inglaterra y la población aumentaba fuertemente y se concentraba en las ciudades, la presión por parte de la cada vez más poderosa clase industrial y de los asalariados para bajar el precio de los alimentos, llevó a que los gobiernos prohibieran la exportación de granos. La inclinación de la balanza del poder económico y político a favor de los intereses de la industria, junto con la cada vez mayor importación de grano barato procedente de América, llevó finalmente a la abolición de las Corn Laws en 1846 por el gobierno de Robert Peel, luego de una intensa disputa política entre los debilitados terratenientes por un lado, y por otro los industriales de Manchester agrupados en la “Anti-Corn Law League” y liderados por el influyente productor textil Richard Cobden. Esta abolición no sólo representa el cambio de poder económico en Inglaterra sino también el triunfo de las ideas librecambistas iniciadas por Adam Smith y David Ricardo, quienes desde un principio se opusieron a la regulación del comercio exterior y a las ideas mercantilistas.

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