martes, 17 de agosto de 2010

Keynes y el Mercantilismo

En el capítulo XXIII de su "Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero", John Maynard Keynes rescata los principios del Mercantilismo como política idónea para fomentar la inversión y el empleo. Su argumento es el siguiente: al propiciar la acumulación de metales preciosos protegiendo los saldos favorables de balanza comercial, los mercantilistas estaban en realidad generando incentivos para la inversión y el empleo, dado que una mayor cantidad de dinero en la economía haría bajar las tasas de interés internas.

En una época en que las autoridades no tenían control directo sobre la tasa de interés interior o los otros estímulos a la inversión nacional, las medidas para aumentar la balanza comercial favorable eran el único medio directo de que disponían para reforzar la inversión extranjera; y, al mismo tiempo, el efecto de una balanza de comercio favorable sobre la entrada de los metales preciosos era su único medio indirecto de reducir la tasa de interés doméstica y aumentar así el aliciente para invertir dentro del país.

En realidad, Keynes sostiene que el esquema mercantilista era funcional a los intereses de las naciones que atravesaban escasez de inversión y de actividad económica, aunque llevado al extremo (es decir, en situación de pleno empleo) se pondría en funcionamiento el “mecanismo clásico” de ajuste de precios internos (de la mano de alzas salariales), pérdida de competitividad y ajuste del desequilibrio de la balanza comercial y, por otro lado, si la tasa de interés interna era demasiado baja en relación a la del resto de los países, esto contribuiría a una fuga de capitales en busca de mayores retornos en el exterior.

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